lunes, 21 de enero de 2013

Eres de mi propiedad [Sinju - Sinbad x Judal] +16


Éste se trata de un ONESHOT (un sólo capítulo) de género YAOI (chico x chico) de la serie  Magi. Sino te gusta esta temática o la serie te aconsejo que entonces no sigas leyendo, ¡Muchas gracias por leer y no olviden dejar un comentario para decir qué les ha parecido!

La pareja que sale en este capítulo es Sinbad x Judal (Sinju). Y este capítulo contiene escenas eróticas de +16 así que absténgase menores =).





En el lugar espacioso se acumulaba un ambiente ardiente, afrodisíaco; se respiraba en él una atmósfera excitante que conseguía avivar cada miembro del cuerpo llegando a una temperatura corporal mayor de lo normal. Fuera el sol ardiente debía soslayar de cansancio y desazón a sus habitantes pero allí era distinto, el calor era mezclado con una variedad inmensa de fragancias dulces y tropicales; la música que sonaba de algún lugar no muy lejano era rítmica y alegre sonando y fundiéndose con el ambiente; las paredes de mármol y de piedra eran suficientemente frías como para hacer que allí hubieran unos cuantos grados menos a pesar de que los rayos del astro se colaran por los grandes ventanales en forma de arco. Y por si fuera poco, el tejido fino de las ropas y de las alfombras que cubrían el suelo mejoraban mucho más la situación.

Ocultarse en las sombras también era una particular forma de evitar las oleadas de calor. Todo el salón estaba cubierto de cortinas y alfombras coloridas todo ello con detalles y abalorios dorados pero era en su centro donde había un conjunto de cortinas que pendían de mástiles metálicos formando un cuadrado abierto tanto por delante como por el techo.

En el interior del pequeño cuarto sumergido por las sombras había aún más sábanas y alfombras amontonadas, cojines alargados; grandes y pequeños, y aparcados en una esquina, vasijas de plata y oro llenas de frutas y otros alimentos. Copas, botellas de vino, pipas y paquetes de tabaco. Todo para la comodidad del rey que descansaba allí en sus aposentos.

Sinbad tumbado sobre varias mantas parecía estar entre el sueño y la realidad. Con los ojos entrecerrados, dejó caer un suave suspiro de tranquilidad. Reposaba el cuerpo a un lado, cubierto por sus habituales túnicas que de tanto revolverse por el suelo se le habían descolocado dejándole el pecho al descubierto. Pero hacía calor, y eso no parecía importarle mucho. En el cabello no estaba su usual turbante, éste lo tenía suelto dejando la suave y morada melena dispersa por aquellas alfombras. Se rascó con el pie descalzo la pantorrilla. 

 Alguien traspasó el arco de la puerta. Sinbad levantó la cabeza con interés. El joven moreno lo estaba mirando, la música por alguna razón había subido de volumen y ahora él había comenzado a bailar en son de ella.

Su trenza alargada se movía al ritmo de sus pasos como una cortina negra; las pulseras doradas chocaban entre ellas con cadencia y los abalorios de los colgantes y adornos se agitaban con elegancia junto a su amo. Con pantalones bombachos de color crema, dejaba su torso prácticamente al descubierto exceptuando el pecho que se lo ocultaba en un vendaje azulado extremadamente ajustado y estrecho. Él solía vestir con ropa semejante (no para bailar, pero sí tan ajustada como tal) y quizá por ello parecía tan seguro de sí mismo; le gustaba el hecho de poder enseñar de forma provocativa su cuerpo. El pecho plano y firme que iba ajustado en la prenda casi podía asomarse por debajo, en su torso desnudo que conseguía moverse con gracilidad era inevitable perder la mirada en el abdomen tan marcado y trabajado; sus caderas anchas y su cintura tan delgada, parecidas a la de una mujer; añadiendo que su complexión parecía tan fina y delicada como la de una de ellas sino fuera por los músculos masculinos en los que le acompañaba. Los pantalones tan bajados dejaban ver el inicio de la pelvis marcada; para no fijarse, que lo movía con la cintura de un lado a otro con aquel baile sinuoso.

Había llegado hasta él. Su rostro estaba medio oculto; por así decirlo, ya que a pesar del paño de seda que le ocultaba desde el puente de la nariz hasta abajo podía ver por debajo de él su sonrisa maliciosa ensancharse cada vez más y más.

Parpadeó. Sin darse cuenta se había quedado completamente en babia, sin ser consciente de que no había  despegado la mirada de él en todo el tiempo había debido parecer un estúpido, y eso al travieso de Judal le parecía gustar mucho.

Pero eso daba bastante igual; era el rey y quién tenía el dominio de todo aquello no era más que él, al menos en ese lugar y en ese mismo instante. Mientras fuera así, ya podía intentar Judal divertirse a su costa.

Le devolvió la sonrisa al ver que con atrevimiento le había empezado a bailar encima de sus piernas estiradas. Sin miramientos se irguió; alzó la mano y agarrando del pantalón por detrás lo sentó de un estirón en su regazo.

-          ¡Eh!-se quejó él porque había interrumpido su espectáculo. Sus ojos color sangre se rasgaron como dos rajillas.

Pero poco duró su queja pues las anchas manos de Sinbad le agarraban con firmeza de las caderas y una de ellas comenzó a meterse por debajo de su pantalón. Ahora era él quién sonreía victorioso; Judal era tan pequeño y parecía tan frágil en comparación suya que no le infundía ningún miedo. 

-          Eres una de mis bailarinas, ¿no? –aseveró él entonces con voz acompasada. La boca del moreno se había abierto ligeramente, arqueando sus cejas lo miraba un tanto nervioso. Sus ojos maquillados de un color entre morado y negro eran grandes y de pestañas tupidas.-  Si yo te lo ordeno, puedes ser mío.

Las piernas del bailarín estaban ahora arrodilladas en el suelo, abiertas. Judal estaba sentado encima de él, apoyando los brazos en sus rodillas. Al escucharle decir eso, volvió a sonreír.

-          Así que haces buen uso de tus servicios.-concretó él y se agarró el extremo de su trenza jugueteando con las puntas. Eso no parecía haberle asustado, el gesto de inquietud había desaparecido fugaz como el viento. Le miraba de reojo, esbozando la sonrisa pícara.
-          ¿Para qué crees que sino son? ¿Sólo para verles bailar?

Ante esas preguntas que parecían tener una obvia respuesta, Judal le dirigió una traviesa mirada apartando la trenza que ahora suelta, parecía estar deshaciéndola con los dedos. Sin soltarla, oprimió los labios armando un gesto seductor y al mismo tiempo que las manos de Sinbad subían por su torso él lo movió de forma sinuosa y seductora. El hecho de sentir con los dedos recorrer su silueta mientras ésta se curvaba de tal forma era innegable lo excitante que podía llegar a ser.

Avanzó el rostro y esta vez zafando de su cintura, lamió en medio de sus pectorales que con un pequeño deslizamiento hacia arriba de la prenda se dejaron al descubierto. La elasticidad de Judal no parecía tener límites; el joven con aquel movimiento había arqueado el cuerpo hacia delante y ahora Sinbad lo tenía entre sus brazos.

Deslizó la mirada hacia su rostro, observando de reojo lo placentero que se visualizaba al mismo tiempo que recorría el pectoral con la lengua hasta llegar al pezón. Era lo único blando y carnoso que podía zafarse de aquel pectoral tan rígido y trabajado. Rosado y pequeño primero lo mordió con los dientes para luego meterlo en su boca.

Fueron escasos segundos esos gemidos que debieron haber resonado en toda la habitación, las manos de Judal la apretaban el cabello con fiereza, estirando de sus mechones entre sus dedos. El moreno los detuvo con suspiros acompasados y soltó con burla:

-          Así que te gustan los pechos pequeños, pensaba que eras de esos que los prefería voluptuosos y bien formados.
-          Sí, no tengo mucho que coger aquí.-reparó él un poco ofendido volviendo a morder esta vez con más fuerza. Si le hacía daño o no, eso no podía saberlo ya que a Judal eso le parecía agradar de todas formas.

El moreno soltó un gemido deleitoso con eso último y tras eso, se rió de aquella forma tan burlesca y peculiar y que tenía en hacerlo. Sinbad se detuvo y le miró con el ceño fruncido. Intentaba ser el dominante de la situación; mostrarle quién era el que mandaba en aquel lugar pero, sin embargo por más que conseguía doblegarlo ante él en su rostro había demasiada lujuria y excitación. Supremacía; el joven estaba sobre él completamente a su disposición pero en sus ojos no se veía sometimiento alguno; al contrario, con la barbilla en alto y rasgando los ojos, su lengua se asomaba discretamente en el extremo de sus comisuras. No había más que verle para cerciorar de que estaba convencido de que era él quién tenía las riendas de todo aquello.

-          Anda, lárgate.-bufó empezándose a asquear, palmeando su pecho lo empujó hacia delante quitándoselo de encima. Tenía paciencia, después de tantas experiencias había conseguido almacenar mucha, pero Judal conseguía siempre agotársela.
-          Que poco divertido eres.-opinó éste levantando su cuerpo sólo de cintura hacia arriba mientras acariciaba su cabello ya suelto que se dividía en finos y largos mechones.-¿Sólo te gusta hacerlo con personas sumisas? Eso no es nada divertido.

Bufó asqueado y miró hacia otro lado mientras se volvía acomodar en sus sábanas.

-          Vamos, me excitas.-susurró el moreno gateando hasta él.- Y estoy seguro de que yo a ti también.- No iba a mostrar signos de eso último, si eso era lo que buscaba. Intentó mantenerse firme, pero al notar como éste alargaba el brazo hacia un lado no pudo evitar mirarle de nuevo. Había cogido una copa llena de vino y dejándola inclinada, un hilo rojo se desbordaba del extremo cayendo con suavidad por encima del cuerpo del bailarín con los descubiertos pechos por el vendaje arrugado.

Ahora una línea discontinua de color roja que iba de los pectorales hasta la pelvis, metiéndose incluso por debajo del pantalón, dividía el cuerpo del chico. Sinbad siguió la línea con los ojos y luego los llevó a su mirada que parecía impaciente.

Tragó saliva y se contuvo con firmeza. Trucos tan baratos no funcionaban con él, se reacostó acomodándose y removiendo la lengua en su boca, volteó la cabeza hacia un lado con indiferencia.

-          Eh, no desprecies mi cuerpo de esa manera.-soltó él esta vez enfadado. Era como un niño en ese sentido, si la cosa no salían como él quería no hacía otra cosa que refunfuñarse.- Eres un rey estúpido.

Se encogió de hombros. No servían de nada esas tácticas. El moreno se quitó el manto que cubría medio de su rostro y apoyando una mano sobre el suelo se inclinó hacia abajo. En el momento en que lo notó tan cerca, se volteó sorprendido. Tenía la cabeza de Judal a dos centímetros de su pelvis. Lo miraba desde esa posición, no con inferioridad precisamente. La mano que había apoyado en su rodilla fue hacia la zona al mismo tiempo que sacaba la lengua y lamía la textura de la prenda.

Lo apartó, pero no a tiempo. Éste ya había conseguido aquello que quería y ahora volvía a reír de esa forma tan escandalosa.

-          ja,ja, ja, pues eso de ahí está duro como una piedra.-anunció como sino hubiera sido obvio para ambos al haberle hecho eso.
-          Desgraciado.-gruñó él exasperado. Le había cogido de la mano y ahora se la apretaba con fuerza intentando lastimarle. Apretó los dientes mientras lo retuvo contra el suelo. Ahora era él quién estaba encima.-Tanto quieres hacerlo conmigo… estás desesperado…

Había un gesto de pequeño dolor en las facciones de Judal pero lo disimulaba bien con una media sonrisa. La ensanchó al escucharle.

-          No veo nada de malo en eso.   

Aspiró por la nariz y cogió aire. Era exasperante pero a la vez era cierto el hecho de que él también estuviera encendido. El cuerpo del muchacho ahora estaba tumbado sobre las alfombras, con el cabello suelto desperdigado por todos lados. Aún el vino podía verse recorriendo la silueta de su torso.

Sin soltar su mano, se echó levemente hacia atrás y se inclinó hasta él. Saboreó la lujuriosa bebida desde el principio hasta el final. Al llegar a la pelvis los gemidos de Judal parecían acrecentar por segundos.

-          Después de todo, eres un sumiso.

¿Por qué no? Tanto le gustaba burlarse de él no veía el por qué él no podía hacerlo. Sonrió al escuchar como el joven por más que quisiera era incapaz de poder insultarle con coherencia después de que le bajara tan sólo unos centímetros más los pantalones; suficiente ya que éstos ya de por sí habían estado demasiado cerca de su objetivo.

La caldeante habitación se volvió más intensa y ardiente, en ella se podía escuchar a Judal y sus gemidos que no contenía; sus cuerpos llenaban la habitación de su continuo calor. La música parecía haberse alejado, volviendo a formar parte del entorno y perdiendo importancia.

No tenía por costumbre lamer los miembros viriles, pero en el fondo el sentido no era tan diferente al de una mujer. El moreno apretaba las sábanas y tensaba su cuerpo con afán; eso o la mala costumbre que tenía de estirarle de los cabellos o de apretarle la cabeza contra él. Sólo retiraba las manos cuando el pelimorado terminaba cansándose y con un gruñido se las apartaba.



Levantó la cabeza con una media sonrisa mientras limpiaba su boca con una mano, y tragaba. Las túnicas del pecho que ya de antes habían estado revueltas ahora estaban prácticamente en su cintura. El torso de Sinbad, tan corpulento y atractivo, ahora podía verse por completo.  

El impertinente sacerdote seguía con su expresión de placebo, apoyando la mano en la frente y retirando el flequillo desordenado. El vaivén de su pecho desnudo aún era acelerado; Sinbad lo observó unos segundos, apoyando una mano a cada lado de su cuerpo, dejando el rostro frente al suyo.

-          Siendo tu servicio es extraño que el que no reciba placer seas tú.-empezó a decir Judal esbozando de nuevo esa sonrisa. Levantó la mano y con el dedo índice repasó la nuez notoria de su garganta; con el movimiento las pulseras repiquetearon entre ellas.-El rey tonto trabaja para sus sirvientes en vez de al contrario.-susurró.
-          ¿Quién te ha dicho que hemos terminado?-conjeturó con parsimonia sin borrar la expresión.
-          ¡Já!-se burló éste y a pesar de estar arrinconado contra el suelo por la posición, se las arregló para inclinarse hacia un lado, apoyando un codo para erguirse levemente. El deleite de sus facciones se había esfumado volviendo a ser el prepotente que conocía quedando sólo como indicio de su calentura el rojizo de las mejillas.-¿Crees que pienso hacer ahora algo después de haber conseguido lo que quería?

Sinbad entrecerró los ojos. La evidencia de que había venido a por sexo había sido más que evidente, pero no parecía que lo quisiera al menos disimular con falsas excusas.

-          No te lo estoy pidiendo,-concluyó y estiró el brazo para llegar hasta su pelvis y tocarle de nuevo sin permiso. - tampoco me importa mucho que quieras.-concluyó él lo que desde un principio ya se había planteado. La mirada lujuriosa de Judal que fue desde su cuerpo semidesnudo hasta sus ojos le hicieron ampliar la sonrisa.- Aunque está claro que nunca podría ser así, ¿verdad? Eres demasiado pervertido como para que no te apetezca una vez más.
-          El rey tonto me conoce demasiado.-admitió éste levantando las manos y pasándolas por detrás de él. Se colgó en su cuello encaramándose de cintura hacia arriba. Varios mechones de su cabello se echaron hacia atrás.-Aunque sólo es contigo que podría estar así hasta el amanecer.
-          ¿Es un halago?-intentó adivinar, descendiendo, cada vez más cerca del pálido cuerpo del joven.
-          Ja, ja, podría decirse.-respondió él de forma divertida ensanchando las comisuras de la sonrisa maliciosa.

Sus cuerpos se pegaron, apreciándose la alta temperatura de ambos. Disfrutaron por un momento del contacto y tras eso, Sinbad se encorvó levemente para colocar las manos en el pantalón del chico y quitárselo del todo. Levantándolo de la cadera, las piernas de Judal completamente desnudas se le quedaron en alto. Apretó los muslos con los dedos y los separó. Siempre apreciaba el hecho de que era una de las pocas zonas que éste había trabajado menos de su cuerpo y éstos eran más blandos y fáciles de coger. Ahora Sinbad estaba entre sus piernas abiertas.   

-          Ahh, que vergüenza. El rey tonto me está viendo entero.-balbuceó Judal medio sonriendo y ocultando los ojos con los puños.
-          A mí no me engañas. Tú lo has dicho, te conozco demasiado.-se limitó a decir cerrando los ojos con el ceño fruncido. Su rostro enternecido, su voz fingiendo inseguridad…Todo eso no era más que al teatro que a Judal le gustaba jugar. Aún no entendía bien por qué en el fondo le estimulaba tanto; bueno, debía admitir que fingía bien.

Judal soltó la risa que había contenido y dejando ver su rostro sin miramiento alguno, lo penetró con la mirada. Sinbad se tensó intentando mantener la compostura. Fue complicado; desde esa posición como había dicho él, podía ver todo su cuerpo. Su engreidísimo, aunque justificable, le permitía estar de esa manera sin vacilación alguna y seducirle con sólo mirarlo. 

-          Estás muriéndote de ganas.-lo incitó Judal con voz insinuante. No sólo eso, aprovechando de su elasticidad abrió aún  más las piernas; casi podía jurar que una mujer era incapaz de hacerlo tanto.
-          No estoy necesitado como tú, tengo mis recursos para eso.-se defendió apartando la mirada e intentando concentrarse en una de las ventanas para no perder el dominio de sus actos. Tan sólo debía aparentar llevar el mando en todo momento, si se dejaba llevar ahora sabía que terminaría perdiendo.
-          Pero seguro que ninguno es tan bello como yo.-sentenció el otro con toda la confianza del mundo.

Lo miró con severidad. No, la verdad ninguno lo era tanto. Y esa obviedad le molestaba un poco. Se bajó las túnicas del todo; amarrándole más fuerte de los muslos inclinó su pelvis hacia delante. No tuvo la delicadeza de contenerse si quiera un poco, no porque en el fondo él mismo tampoco era capaz de hacerlo. Bruscamente lo embistió y todos los abalorios del cuerpo de Judal se balancearon con su cuerpo.

No tendía por costumbre ser tan mezquino, pero en caso de Judal le agradó ver el rostro entre dolor y deleite que puso. Él tenía mucha más fuerza en comparación con el sacerdote, y mucho más en esa situación en la que por más que quisiera dominarle, fuera como fuera siempre terminaba siendo el pasivo de la relación. Sinbad, incitado, usaba todo su auge por cada forcejeo.

A cada balanceo desprendía más violencia. Sin darse cuenta había perdido el control olvidando ser educado o indulgente con el otro. Sabía bien por qué: con quién lo estaba haciendo era con Judal y éste por más que fuera brusco o feroz no iba desprenderse de él. Se quejaba entre gemidos, pero gozaba como nadie y en cuanto veía que aminoraba, era él el que con gestos exigía enseguida.

De un rápido movimiento lo sentó encima de sus piernas cogiéndole con fiereza de la cintura. Ambos cuerpos sudaban y ardían. Judal le rodeó el cuello con los brazos y acercó su rostro hasta el de él.

Fueron tan sólo unos milímetros la distancia de sus labios. El moreno parecía dispuesto a besarlo, pero en el último momento desvió la trayectoria y fue hacia su cuello. Habría jurado ver de reojo una sonrisa asomada en sus comisuras mientras le besaba la piel.

Exhaló por la nariz de la frustración. Realmente se había quedado patidifuso con la espera e incluso había detenido el balanceo sin darse cuenta. Al proseguir lo hizo más fuerte que antes mientras su ceño se fruncía levemente. Estaban tan alterados que los suspiros y gimoteos de ambos eran constantes y profundos.

-          Auch.-se quejó porque Judal le mordió con demasiado ímpetu, y es que las últimas estocadas le debían haber hecho demasiado daño; era su forma de desahogarse. Eso le hizo aminorar; si seguía así lo terminaría partiendo en dos.
-          Por fin me dejas respirar un poco.-le susurró en el oído entre jadeos. Daba la sensación de que se quedaba sin aire de tanta agitación. Era comprensible, él estaba tan alterado que sino fuera por lo excitado que se sentía se desplomaría allí mismo.-De verdad tenías ganas de hacerlo conmigo.

No dijo nada al respecto; quizá porque por alguna razón pensó que no lo decía con la malicia de siempre sino con una entonación extraña demasiado cariñosa que no entendía y que no iba a darle muchas vueltas. No al menos en ese momento en el que su cabeza tampoco podía procesar muy bien. Apartó una mano de su cintura y la alzó. Enredó los dedos entre los mechones negros de éste y de una sacudida, le agarró del cogote y le levantó la cabeza, poniendo su barbilla en alto.

Ahora tenía a Judal mirándolo, sus párpados maquillados, sus ojos carmesíes tan enigmáticos, eran incapaces de abrirse del todo. Un hilo de saliva caía por el extremo de su boca y sus suspiros acompasados no se detenían. No sonreía, armaba un gesto entre placer y sorpresa; sus cejas se arqueaban hacía arriba y sus mejillas rosadas contrastaban con su piel pálida.

Sinbad se impulsó en una de sus estocadas y empujando aún la cabeza de éste que seguía agarrando, le dio un beso forzado. Oprimió sus labios con furor y los abrió con su lengua para introducírsela desesperadamente dentro. En ese instante, Judal se pegó a él mucho más. Podía sentir los latidos de su corazón acelerados, aunque quizá era el suyo propio; sentía que iba a salírsele del pecho.

En cuanto lo besó, no sólo Judal siguió su juego sino que al intentar despegarse para respirar, fue él quién no se lo permitió apretando más su cuello con los brazos e inclinándose hacia delante aún más. Ambos respiraron bocanadas de aire cuando tuvieron que echarse hacia atrás ya por la falta de oxígeno.

¿Quién era el desesperado ahí? En realidad, no sabía bien decir quién había contenido más las ganas de hacer todo aquello. Sentía que en cualquier momento iba a explotar. Le agarró de las nalgas mientras retomaba la ferocidad de antes que con el beso había aminorado.

-          Sinbad…-susurraba ahora Judal entre los quejidos.

El moreno buscó sus labios queriendo besarse de nuevo. En un principio lo lógico habría sido devolverle la jugada  anterior, pero sentía que ya lo había hecho actuando de forma tan animal desde el primer momento en que lo había tomado. Se acercó hasta él y mordió su labio inferior. En las últimas embestidas en las que ambos llegaban al éxtasis, los dos se besaban mientras suspiraban sofocadamente y dejaban caer algún que otro gemido. Fue Judal el cual al final no tuvo ningún miramiento en vocear más que nadie sus últimos alientos de placer.

El moreno dejó caer su cuerpo entre las sábanas completamente agotado y Sinbad reposó apoyando los brazos que evitaba que le flaquearan. El sudor en el que no habían reparado, ahora se hacía molesto, el pelimorado pasó la mano por su frente, quitándose gotas de sudor. Estaba medio desnudo, pero no pretendía vestirse; al menos no hasta que el calor se suavizara un poco.

-          Ahhh, grandioso.-admiró en un suspiro el sacerdote que extendía cada miembro cuan largo era. Él sí que no tenía prenda alguna, aunque eso no parecía molestarle.- Me pregunto cómo lo haces.-dijo eso último cerrando los ojos.

Aún estaba recuperándose. Estuvo un rato respirando antes de preguntarle:

-          ¿El qué?
-          ¿Cómo que el qué?

Judal había vuelto a retomar el tono arrogante.  Sinbad rodó los ojos hacia arriba. Realmente, esos momentos en los que el moreno parecía tan excitado y entregado a él eran demasiado únicos e inolvidables. Para no serlos;  tan fugaces, tan diferentes al Judal de siempre, era como ver a dos personas distintas. Desde que conoció esa faceta suya, la concepción de él había cambiado mucho. Por más que intentara que no fuera así, no podía evitar la incitación a tener sexo con él de nuevo. Sabía que en el fondo era porque deseaba poseerlo tal como la mayoría de cosas. Él y su modesta ambición; pero con Judal era imposible.

Todo era una alusión creada por la pasión del momento. Esa impresión de que era suyo, de su propiedad, sólo podía sentirla así en esos momentos de gozo. Al terminar todo luego formaba parte de un sueño. Judal seguía tratándolo tan de inferior como siempre; al “rey tonto”. Era el sacerdote quién buscaba que formara parte de sus juegos; en definitiva, era continuamente una lucha por quién conseguía ser dominado por quién.

-          Pues para agotarme así. Parece que quieras destrozarme por dentro.-le explicó éste que se había sentado y ahora se inclinaba hacia él cada vez más.-¿Quieres matarme así?-Eso último lo dijo en un susurro agradable, como si la muerte fuera algo tan banal como debatir. Posicionó el dedo índice sobre el labio mientras con el rostro levemente ladeado le miraba.-No me importaría morir en tus manos de esta manera.
-          Ah, buen dato. Lo tendré en cuenta cuando quiera matarte.-sonrió él arqueando las cejas. Estaba siendo consciente de que el joven se le iba acercando con disimulo y siempre debía ser precavido con sus intenciones.
-          ¿Lo harías? Te quedarías sin juguete favorito.-le devolvió él la sonrisa y gateó dos pasos hasta él. Esa manera de acercársele; se le estaba insinuando de nuevo. No había más que ver la manera en la que movía las caderas y le miraba. El dedo que había usado para presionar sus labios ahora lo recorría por su pecho hasta dejar la mano en la cintura no sin antes acariciarla. De dónde conseguía aprender esas cosas era un misterio, pero que fuera tan bueno como una mujer haciéndolo era un hecho.
-          Admites que eres mi juguete.-contrastó él intentando concentrarse en la conversación para que sus encandilaciones no tuvieran tanto efecto.

Judal había llegado hasta su regazo, apoyando las manos en sus piernas se acomodó en él.

-          Bueno, yo soy el tuyo y tú eres el mío.

Ante esa objeción de la cual no estaba de acuerdo no pudo decir nada al respecto. El moreno se había acomodado pero al decir eso, tocó su entrepierna desnuda y de un movimiento la acercó hasta su boca y la lamió hasta terminar metiéndosela. Jadeó, y pudo escuchar la risa contenida de Judal mientras seguía tocándole.

**





-          hmm, no me importa lo que haga en su tiempo libre, pero me gustaría que al menos tuviera en cuenta su imagen. Siempre tan despreocupado.

Ja’far había entrado en la sala al día siguiente y se había encontrado con un Sinbad durmiendo medio desnudo. El pelimorado entreabrió los ojos aún adormilado y lo observó taciturno sin comprenderle.

-          Ahora me arreglaré…-aclaró él cogiendo una de las prendas que habían quedado más cercanas a él y llevándola para sí con lentitud.
-          ¿Oculto en mil túnicas? –añadió éste aún mostrando cierto enojo.

Como el rey no conseguía comprender que quería decirle, Jaffar se acercó al espejo más cercano que había; uno de adorno que había entre aquel desastre, y se lo puso en frente.

Se quedó por unos segundos mirándose sorprendido. Le costó reaccionar; aún su mente estaba demasiado cansada y las ideas le costaba relacionarlas.

-          Sacerdote sinvergüenza.-farfulló apretando los dientes al comprender que su cuerpo estaba completamente lleno de marcas que Judal había tenido el cuidado de hacer en las zonas más visibles, especialmente el cuello y los brazos; aunque también podía ver que no se había olvidado de otras más íntimas.

Esas marcas decían a gritos “eres mío y de nadie más”.   Por más que no lo fuera admitir nunca, en esa tanda Judal le había ganado.  




LAUZ


7 comentarios:

  1. Pero ¿Tú has escrito esto? Ya te amo! Que habilidad con el lemon! Es el primer fanfic que leo de esta pareja, y no pude haber empezado con nada mejor,es que...agh! logras condensar en este pequeño relato todo lo que me gusta de ellos juntos, uff! Me dejaste babeando! Maravilloso~

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  2. Oh! Si. Maravilloso, señorita. Maravilloso!

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  3. Escriba otro. Por favor~ No sé cuantas veces he leído este y quiero más. x-x

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  4. Excelente
    Apoyo la noción, continuación por favor.

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  5. oh por dios casi me desangro *Q*
    escribes tan bien me lo imagine todo XDD
    es la primera vez que leo un fic de estos dos
    y estubo tan bien narrado ;A;
    muchas gracias XD
    lo leere de nuevo (~*3*)~

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  6. Tampoco de ellos dos, con lo monos que son juntos ajksnakjsnasjkansjk ;A; lo ame mucho, has hecho a alguien feliz <3

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  7. Esto me hace pasar por una vergüenza grande ... ESTÁ TAN BIEN ESCRITO QUE ME HACE VER MIS PROPIOS FANFICS COMO.....¡BASURA! ;u; está hermoso, de verdad <3

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